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Al menos 12 muertos y 15 heridos tras accidente en Haití

Al menos 12 muertos y 15 heridos en accidente en Haití

PUERTO PRÍNCIPE (AP) — Al menos 12 personas murieron y otras 15 resultaron heridas cuando un camión de carga arrolló a comerciantes y transeúntes y se estrelló contra un muro en el sureste de Haití, informaron el domingo los organismos de socorro.

La Dirección de Protección Civil detalló que el accidente ocurrió el sábado en la localidad de Cavaillon, unos 150 kilómetros (93 millas) al sureste de la capital.

Ernst Ais, alcalde de la localidad, explicó en declaraciones a periodistas que el camión tuvo una falla en los frenos y arrolló a varios vendedores ambulantes que tenían sus mercancías a ambos lados de la carretera.

En el camión de carga viajaba un número no especificado de personas y luego de arrollar a los vendedores y transeúntes, se estrelló contra el muro de un negocio. Las autoridades y grupos de socorro no dijeron si el conductor sobrevivió al accidente.

Los heridos fueron transferidos al hospital de la ciudad de Les Cayes.

Haitianos se endeudan de por vida para pagar entierros

Haitianos se endeudan de por vida para pagar entierros

En esta imagen, tomada el 29 de marzo de 2017, los restos de un cuerpo exhumado descansan junto a su tumba antes de ser trasladado a una fosa común en el cementerio nacional de Puerto Príncipe, en Haití. Muchos haitianos se sumen en deudas de por vida para despedir a sus seres queridos fallecidos. Un funeral en Haití cuesta de media 5.000 dolares, muy por encima del salario anual de muchos. (AP Foto/Dieu Nalio Chery)

PUERTO PRÍNCIPE, Haití (AP) — Aspasie Tanis vive bajo una constante amenaza de desahucio, sobreviviendo a base de espaguetis y galletas en su chabola de concreto en la capital de Haití. Ahora, la muerte de su padre por un derrame cerebral amenaza con dejarle una deuda de por vida.

Esta consternada madre soltera busca desesperadamente préstamos de amigos y pastores para pagar el funeral más barato en el mercado. Funcionarios de la morgue del hospital dicen que el cuerpo de su padre será arrojado a una fosa para pobres a menos que su familia logre reunir una pequeña fortuna de poco más de 1.000 dólares.

“Nunca estaré en paz si su cuerpo no se entierra como es debido”, dijo Tanis, más tranquila tras trasladar el cadáver a una morgue privada barata.

Su ansiedad es compartida por muchos en Haití, donde dos de cada tres personas viven con menos de dos dólares al día y enterrar a los muertos es un negocio usurero. Aunque los funerales son costosos en muchos países, los sepultureros haitianos cobran tasas que superan el salario anual de la mayoría de la población.

En la calle Rue de l’Enterrement de la capital, funerarias consolidadas y autónomos sin licencia se embarcan en una guerra diaria en busca de nuevos clientes, convenciendo a las desconsoladas familias de que cualquier cosa por debajo de los paquetes que ofrecen puede ser visto como una falta de respeto a los muertos.

Equipos de emprendedores, incluyendo camarógrafos y bandas de música que abren las comitivas funerarias, esperan para incrementar las facturas de los funerales de familias que a menudo no pueden pagar ninguno de esos servicios. Se puede incluso contratar plañideras para aquellos que quieren el prestigio social de una gran despedida.

“Puedo ofrecerle gente que llora, que se tira por el piso, lo que quiera”, relató riendo entre dientes Joseph Jacques Simeon, director de la morgue del Hospital General, quien reconoció a un periodista de The Associated Press que recibe un porcentaje de los servicios que pagan las conmocionadas familias cuando llegan a su oficina.

Un reporte de 2012 del Instituto Igarape de Brasil indicó que, en promedio, un funeral en Haití cuesta 5.000 dólares por familia y prestamistas y funerarias aplican una tasa de interés de hasta el 150%.

“En algunos casos vemos a familias pobres pagando mucho más por servicios funerarios que familias de clase media porque están menos informados sobre las opciones y no creen que se puedan negociar los costos”, dijo la investigadora Athena Kolbe, coautora del informe.

La afligida Tanis, que empleó los pocos ahorros que tenía para intentar mantener a su padre con vida, parecía muy influenciable.

Cuando Simeon insistió en que el servicio más barato costaba alrededor de 1.000 dólares, Tanis y su hermano desempleado aceptaron sumisos servicios adicionales como un video del funeral y no compararon precios con otras funerarias mientras buscaban el dinero para poder pagar el sepelio.

Aunque muchos haitianos reciben ayudas de familiares que viven en el extranjero, no faltan apenadas familias que venden sus posesiones o toman préstamos con intereses elevados para pagar los entierros, en parte por la arraigada tradición de celebrar funerales de féretro abierto y por la presión social para enterrar a los muertos con pompa.

“Esto es particularmente cierto entre la gente más pobre y para aquellos de zonas rurales, donde la presión social es más fuerte”, señaló Carine Roenen, directora de Fonkoze Foundation, una ONG que trabaja con la mayor institución de microfinanzas de Haití.

Los vendedores suelen empezar su trabajo tan pronto como se enteran de un deceso en una familia. Conductores de coches fúnebres, vecinos e incluso médicos de hospitales informan a las empresas, compitiendo por llevarse la comisión del 10% que entregan a los intermediarios.

Las funerarias legales quieren que las autoridades frenen a los sepultureros independientes que merman su negocio. Pero el estado no ha hecho nada para poner orden en el descontrolado mercado, y los negocios con licencia alquilan a regañadientes sus morgues y velatorios por una parte de los paquetes ligeramente más baratos que ofrece la competencia.

“Este negocio se ha convertido en una locura. Cada día entran más personas sin licencia con nada que ofrecer”, explicó la propietaria de la funeraria y morgue Zenith, Marie Lamercie Louis Dorville. Su costoso catálogo ofrece embalsamamientos, féretros de metal, sepelios y otros servicios que cuestan más de 7.000 dólares. El coste medio de un entierro en Estados Unidos es de 7.180 dólares, según los últimos datos de la Asociación Nacional de Directores de Funerarias (NFDA).

La mayoría de los haitianos se resisten a la cremación debido a la tradición religiosa y cultural.

Jean Pierre Mercelien es un joven de 18 años que está aprendiendo a tapizar ataúdes, una de las últimas incorporaciones al negocio.

“Es un buen modo de vida porque nunca dejará de haber nuevos clientes”, dijo mientras otros hombres construían féretros de madera y los decoraban con cojines y asas de aluminio.

El negocio en la Rue de l’Enterrement crece aunque en Puerto Príncipe quede poco espacio para enterrar a los muertos.

Tanta es la demanda en el cementerio de la capital que las familias alquilan el espacio durante dos o tres años, tiempo suficiente para que el cadáver se convierta en esqueleto. Pasado este tiempo, los trabajadores del camposanto suelen arrojar los huesos en una cripta o los dejan temporalmente en una desvencijada esquina para dejar sitio a los nuevos clientes de pago. Pocas familias recogen los restos.

Un paseo por el que en su día fue un bonito lugar revela macabras escenas con esqueletos en féretros abiertos, costillas y vertebras esparcidas en el interior de trajes quemados por el sol, con las corbatas todavía anudadas y los vestidos abrochados. Unos cuantos esqueletos arrojados al piso por los operarios seguían teniendo piel momificada en la calavera.

Haitianos enfrentan otra amenaza mortal: el cólera

2016-13-10-12-29-21

El huracán Matthew acabó con la casa de Sonette Crownal en un pueblo de la costa sudeste de Haití y la cólera se llevó a su bebé.

Esta mujer de 25 años, que trabaja en un mercado, y su familia todavía estaban haciendo la cuenta de todo lo que habían perdido cuando ella notó que Peter James, su bebé de diez meses, tenía síntomas de una enfermedad que las autoridades sanitarias temen se propague tras la tormenta.

“Vi los síntomas y supe lo que estaba pasando, me asusté”, relata Crownal, quien dice que llevó a su bebé en sus brazos el martes hasta un centro de tratamiento del cólera en Les Cayes, donde había unas 20 personas tiradas sobre catres bajo un techo metálico, mientras un ventilador trataba de alejar el calor tropical.

El cólera es causado por una bacteria que produce una severa diarrea y es contagiado al beber agua contaminada o comer algo contaminado. Puede provocar una muerte rápida, tras una dura agonía, como consecuencia de una total deshidratación. Pero se lo pude tratar fácilmente si es detectado a tiempo.

La destrucción causada por la tormenta de categoría 4 creó las condiciones ideales para la propagación de esta enfermedad a través del agua. Los ríos se desbordaron en esta región montañosa, creando amplios espacios donde la bacteria puede crecer. El agua contaminada llega a los pozos de agua potable que sobrevivieron al paso del huracán.

Miles de personas cuyas viviendas fueron destruidas están quedándose con familiares y amigos en espacios reducidos, lo que facilita el contagio. Ya hay informes de que el mal se está esparciendo. La Organización Mundial de la Salud dice que se ha informado de al menos 200 presuntos casos de cólera en la región tras el paso de Matthew.

“Esto no pinta bien”, dijo Unni Krishnan, director de la Unidad de Emergencias de Save the Children. “Tenemos que actuar pronto para contener esto, porque de lo contrario puede salirse de nuestro control”.

La cólera no es la única emergencia que enfrenta el país en el campo de la salud. Krishnan y otros vienen advirtiendo sobre una creciente malnutrición derivada de la destrucción de las cosechas y de animales, así como de barcos y equipo de pesca, lo que priva a muchos de su sustento en un país donde más de la mitad de la población sobrevive con dos dólares diarios.

El panorama se complica por la escasez de hospitales y clínicas, que no están preparados para responder a un brote. No es fácil recibir tratamiento en comunidades aisladas. Crownal dijo que tuvo que caminar por horas desde su casa en Randell, cerca de Les Cayes, hasta que finalmente encontró un autobús que la llevó a un centro donde su bebé pudo recibir tratamiento.

En Haití nunca había habido cólera hasta el 2010. Se cree que fue traída por un miembro de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas de Nepal, parte de un contingente que está estacionado en Haití desde el 2004. Desde entonces, el cólera mató a unas 10.000 personas y enfermó a más de 800.000 en este país.

Haití y organizaciones internacionales como Médicos Sin Fronteras han creado una red de centros de tratamientos que evitan que gente como Peter James sufran una muerte atroz. El bebé está recibiendo fluidos en forma intravenosa a través de su mano y se repone lentamente dos días después de que su madre buscó atención médica.

Ahora que el niño se repone, Crownal tiene que encarar un futuro incierto.

“Me siento orgullosa de ser haitiana, pero aquí no queda nada”, afirmó.

En otra comunidad costera, Anse-d*Hainault, en el extremo occidental del país, hasta el lunes se habían registrado 92 casos de cólera y la cifra seguía subiendo.

“Nuestro centro de tratamiento del cólera puede recibir 12 personas. Ahora estamos desbordados”, declaró Cadet Jean Arthur, el administrador del hospital.

En el distrito de Anse d’Hainault, que incluye el pueblo del mismo nombre, mueren hasta cinco personas diarias por el cólera. Se cree que ya han fallecido unas 50 personas, de acuerdo con el alcalde Georges Simon.

Afuera del único hospital público del pueblo, el agente de protección civil Joseph Roby repartía tabletas purificadoras de agua mientras advertía que los casos aumentarían.

“La gente estaba tomando agua de cualquier sitio”, manifestó.

Mirve Luma, cuyo padre y un primo estaban siendo atendidos por cólera, lucía visiblemente irritada. Tomó un trapeador y un balde con agua enjabonada y comenzó a limpiar el piso de una sala atestada de gente, ante el asombro de un perezoso empleado de limpieza que no hacía nada.

“Va a morir más gente si tú no limpias”, le dijo al empleado.

Cerca suyo, un hombre recogió ropa sucia con un palo y lo tiró a una fogata, ayudando al personal del hospital a limpiar el lugar a cambio de comida gratis.

Entre los pacientes se encontraba Bacilio Louis-Charles, de 16 años, que había sido admitido dos días atrás y estaba recostado sobre una cama de madera con un agujero en el medio, para que los excrementos cayesen en un balde de plástico que se encontraba debajo.

Recibía suero intravenoso y dijo que se sentía mejor.

“Cuando llegué aquí pensé que me moría. Había dos personas muertas en el patio del hospital”, relató.

Sandra Honore, enviada de las Naciones Unidas a Haití, dijo que no se puede subestimar el impacto que pueda tener Matthew en la nación y expresó que el país enfrenta “una tragedia humanitaria y una profunda situación de emergencia”.

Reveló que la ONU estaba enviando sistemas de purificación del agua y medicinas a sectores remotos e instó al mundo a aportar para reunir 120 millones de dólares para ayudar a Haití.

Cada vez más haitianos, sin embargo, se sienten frustrados al escuchar esos pronunciamientos y se quejan de que, a una semana del temporal, hay zonas a las que todavía no ha llegado ayuda.

Haciendo un gesto de disgusto, Guideline Joseph y otras personas fueron a una taberna en la que se improvisó un refugio. Vieron allí un programa por la televisión estatal en el que se hablaba de los esfuerzos por ayudar a las localidades más afectadas.

“Esto está horrible aquí, el cólera está matando a la gente. Pero ellos hablan de progresos en la televisión”, dijo la mujer. “Para cuando lleguen aquí, tal vez no quede nadie”.

Publicado por: McFADDEN – (AP)


Redaccion Noticias Al Instante

San Jose, Costa Rica

12/10/2016 12:30 p.m